La votación de la iniciativa legislativa popular (ILP) que persigue prohibir las corridas de toros en Cataluña, apoyada por 180.000 firmas, ha puesto el Parlament al rojo vivo
"Si los toros tienen que morir, que lo hagan solos, pero prohibirlos en una sociedad y una cultura como la catalana me parece un mal precedente", afirma. Corrales cuestiona que "con la que está cayendo y los graves problemas que hay, el Parlament dedique tiempo y dinero públicos a debatir sobre los toros". El empresario Pedro Balañá, propietario de la plaza de toros Monumental, en público se ha limitado a emitir un comunicado en el que manifiesta: "Desde el respeto a todas las sensibilidades y a la institución que debe tomar la decisión, lamento el posible final de una tradición con profundas e históricas raíces".
Además de los partidarios urbanos de los toros, la otra gran pata de la oposición a la ILP es la que representan los pueblos del sur donde se celebran correbous. La Federació de Penyes i Comissions Taurines de les Terres de l'Ebre se reunió el jueves con los portavoces de todos los partidos para trasladarles su temor a que se comience prohibiendo las corridas y se acabe con los correbous de algunas poblaciones de las comarcas sureñas de Tarragona. "Sabemos que si se prohíbe lo de Barcelona, luego van a por nosotros. Les pedimos que piensen en nosotros, porque sería muy injusto", explica el presidente de la federación, Miquel Ferré.
En el extremo opuesto, la plataforma Prou!, impulsora de la ILP, recoge fotos y mensajes de ciudadanos para hacérselos llegar a los diputados catalanes. "CiU quiere que el asunto por lo menos se debata y en el PSC la mayoría es antitaurina, pero utilizan la postura de David Pérez -uno de los diputados amantes de la fiesta más significados- para contentar al lobby taurino", interpreta el portavoz de la plataforma, Leonardo Anselmi, convencidísimo de que la iniciativa prosperará, como lo está Luis Corrales de que no lo hará.
La actividad es frenética entre los parlamentarios. Un diputado socialista se ha llevado a medio hemiciclo a ver faenas de José Tomás, a ver si les convence.
Otro partidario de los toros de las filas populares hace campaña entre propios y extraños, "uno a uno". Y hace cálculos, diputado arriba, diputado abajo, como si esto fuera Eurovisión. Asegura que en el PSC no serán más de ocho los diputados que veten la ILP y que la decisión final estará en manos de las filas convergentes, donde la presión de los cargos locales de Tarragona inclinará la balanza. "Falta convencer a 13", asegura calculadora en mano. Una tercera parlamentaria, republicana, asegura, erróneamente, que los de Tarragona apoyarán la propuesta de prohibir los toros porque están convencidos de que aunque la Cámara catalana acabara con la fiesta, no peligrarían los bous del Ebro. Pero lo dicho, los diputados del sur están con las espadas en alto: saben que para un alcalde del Montsià o la Terra Alta es más difícil ganar unas elecciones sin bous en las fiestas del pueblo que sin el agua en el Ebro. También hacen campaña, y eso que el responsable del grupo en la cuestión, Josep Rull, es antitaurino